3 de marzo de 2010

VIVIENDO EL TERREMOTO EN PENCO - CHILE

Cuando niño, tenía 5 años, y sucedió el terremoto del año 60.

Mi papá era el Alcalde del Pueblo (Penco, Chile) y decidió que la familia permanecía en la casa, a tres cuadras del mar, porque su deber era estar al lado de la gente, controlándola y orientándola.
No habían sistemas de detección de tsunamis (el concepto ni siquiera existía, se las llamaba maremotos). No existían los sofisticados sistemas de comunicación actuales (los que sin energía paralizan el funcionamiento de las organizaciones humanas).

Sólo estaba disponible el sentido común y el instinto de supervivencia. Se coordinaron y destinaron vigías al borde de la playa. Si la sirena de los bomberos sonaba insistente las gentes debían huir hacia los cerros que rodean el pueblo.

Sonó la sirena y las gentes, con razón, corrieron despavoridas. Los vi corriendo hacia mi, ya que estaba parado en el centro de la calle, mis piernas casi se doblaron, porque flaqueaba de miedo y me quedé esperando en la casa donde me habían instruido que permaneciera. El pasillo se movía con la sensación de estar navegando en un gran barco, luego, en la mañana, había peces muertos y espuma de mar fuera de mi casa, a tres cuadras de la playa. Nos habíamos salvado, casi todo el pueblo se había salvado. Todos se saludaban y ayudaban solidarios. Daban gracias porque estaban vivos.

Ahora, hemos vivido un terremo y tsunami mucho más dantesco. El país progresa y está bastante tecnologizado. Irrumpe la catástrofe en la oscuridad de la noche y el pavor se apodera de las gentes, de los perros y de las cosas que se debaten entre movimientos, ruidos y la destrucción.

Trascurrido ya el primer momento del estruendor interminable, la experiencia me enseñaba que luego vendrían las réplicas, cada vez aminoradas. Las gentes comenzarían a reconocerse y a saludarse solidarias.

Llevamos cinco días de réplicas que son casi terremotos, tres tsunamis que se sucedieron entre la ineptitud de las autoridades que se culpan recíprocamente de las causas por no dar la alarma oportunamente. Las tecnologías no sirvieron (no porque fueran malas o ineficaces, sino que porque los hombres no supieron utilizarlas eficazmente para tomar decisiones adecuadas y oportunas).

Durante los primeros días, las hordas de delincuentes desalmados hicieron pillaje en los supermercados, asaltaron gasolineras e incendiaron tiendas. Robaron todo: alimentos, papas fritas, electrodomésticos, piernas enteras de animales que estaban en las carnicerías, hasta las cajas registradoras de los negocios se llevaron. En la primera noche los vecinos temieron por sus familias y sus cosas. Nos organizamos en Comités de Autodefensa (fui el encargado de uno de ellos). Cerramos los accesos, definimos claves (santos y señas), nos coordinamos apostando un bombero con radio en cada piquete. El cura oficio de enlace ante las policias y los militares. Llevamos tres noches vigilantes, entre gritos, silvidos utilizados habitualmente por los delincuentes y algunos disparos. En uno de los piquetes sorprendieron a dos delicuentes entrando a casa abandonadas. Fueron detenidos por los vecinos, los golpearon y entregaron a la policía. La segunda noche, en la cancha del cura la policia sorprendió a otro.

(fotografía tomada por Angélica, mi señora, la segunda noche de la catástrofe)

Mientras transcurrían las horas de vigilia, en la oscuridad de la noche, sólo alumbrada por el destello de la fogata, pensé: estamos involucionando culturalmente, hemos retrocedido a los tiempos de las hordas primitivas, quienes con palos y hachas se defendían de los animales...la diferencia era que estábamos defendiendonos de otras personas, de nuestros temores y angustias, de nuestras inseguridades...anoche se decretó el Estado de Sitio...recordé los tiempos ignominiosos de la pérdida de los derechos, los tiempos de la marginalidad económica, social y política, pero, entendí que era otra forma de expersión del poder lento del Estado para recuperar el orden...ahora, ya nos sentamos en las veredas a conversar con los vecinos, sin palos en las manos, algunos fuman y especulan que no habrán más falsas alarmas y que las réplicas dejarán de debatirse existencialmente entre ajustes de las placas tectónicas y nuevos bravíos de la tierra que se niega a aquietarse.

Ayer, se reconectó la energía eléctrica y recuperé las insospechadas posibilidades del ciberespacio. Conversamos Gonzalo mi hijo, la Patty su mujer y con el tatán nuestro nieto (a quien le comenté que, al igual que el, había vivido un terremoto cuando niño, como para compartir experiencias propias y aquietar su espíritu sintiéndonos cómplices en la adversidad), hablamos con mi hija (que vive en USA) y la vimos junto a su marido (por Skype, lloramos juntos con mi yerno americano), contactamos a nuestros amigos de otras ciudades del país, con mis profesores de España. Que útiles son las tecnologías: cuando funcionan y son bien utilizadas...!!!

Hoy , en la mañana, nos organizamos para ir a buscar agua a una vertiente. Ya tenemos algo para concinar y lavarnos. Mientras comíamos, con Angélica, sobrevino una nueva réplica. Hice bromas, porque en los últimos días, cada vez que me propongo comer, ir al baño o me estoy cambiando ropa, irrumpe un temblor que se supone es réplica, pero termina siendo un nuevo cuasi-terremoto. Como estoy en altura, frente al mar en Penco, advierto que irrumpen frenéticos los automóviles, con sus bocinas insistentes, suben los microbuses y las gentes corren y gritan. Alarma de nuevo tsunami.

Mis padres y mi hermana con su familia, viven juntos, en otras casas, pero en el mismo lugar de mis recuerdos cuando niño, a tres cuadras del mar y junto al río, insistieron en que lo peor había pasado y que permancerían en sus hogares. Acordamos que ante cualquier emergencia correrían hacia los altos y les encontaría camino a mi casa. Les busqué y no llegaron...las gentes corrían despavoridas...un sujeto descontrolado atropelló a una señora que intentaba ayudar a su hijito y la dejó malherida de un brazo...mis padres y mi hermana y su familia no llegaron...

Era falsa alarma...

Ahora mi madre cocina algo y mi padre lee en mi casa. Mi hermana supongo que aceptará subir si se sucede una nueva alarma (me es imposible ir a buscarla, no logro ser un salmón cansado que nada contra la corriente de almas y artefactos que corren despavoridos por las calles). Espero que reaccione y, aunque la alarma sea falsa, tome la decisión correcta y pueda correr para encontrarla donde concertamos encontrarnos para acogerla en mi casa que domina la vista del mar amenzante).

Llevo cinco días debatiéndome entre la furia de la naturaleza que esta enojada ante tanta irresponsabilidad humana.

He conocido lo mejor de los hombres y mujeres que logran ser solidarios ayudándose en la adversidad.

He conocido lo peor de la natualeza humana, incapaz de controlar sus pasiones, atrapados en la avidez de las cosas necesarias o innecesarias.

Una nueva fuerte réplica mientras escribo. La verdad ya no distingo entre réplicas y terremotos. Y se supone que tengo cultura sísmica, he vivido terremotos desde los 5 años.

Reflexiono


La principal consecuencia en el tiempo no serán las casas y cosas destruidas y los muertos. Las cosas se recuperan y todos tarde o temprano moriremos.

La principal consecuencia es que estaremos profundamente orgullosos de ser chilenos y, simultáneamente, tendremos una gran pena y verguenza de serlo.

Penco, Chile, 18:59 hrs., después de la falsa alarma de tsunami

9 comentarios:

Eliseo dijo...

Bueno tu análisis Marcelo, producto de tus vivencias de antaño y del presente.
Yo viví el terremoto del 60 en Valdivia, cuya magnitud fue de 9,5 Richter (el tercero en intensidad en el mundo). Ciancuenta años atrás, el país reaccionó con las condiciones económicas, políticas y sociales que imperaban en la época. A semanas de ocurrido el evento no habían servicios básicos ni alimentación y mucho menos comunicaciones; los heridos encontrados entre los escombros tardaron días en ser encontrados y sobrevivieron con sus reservas naturales y su fortaleza (como en Haití). Hoy día, a pesar de que se pudo actuar más rápido, debo decir que a los dos días tenía luz y agua en mi sector. El teléfono fijo siguió funcionando, por lo cual tuve noticias a las horas de mis dos hijos, el mayor en Valdivia donde trabaja y mi hija en Recinto donde trabaja su esposo, con mi nieta de tres y medio años; también contacté a mi familia en Puerto Varas y otros lugares. (Los celulares, ¡ni hablar! ¿para qué tenerlos si no sirvieron en esta emergencia?; se dirá que no tenían energías eléctrica, pero eso no me convence, pues debieran tener planes de contingencia: ¿No se jacta la empresa privada de ser expertos en tales planes?)
Eso, hace cincuenta años, impensable. Cuando pude viajar de Valdivia a Puerto Varas, lo hice en un camión que repartía correspondencia del Servicio de Correos de Chile a las tres semanas, por caminos apenas transitables y por senderos. ¡Cómo ha cambiado Chile en estos 50 años! Hoy día exigimos respuestas inmediatas. ¡Por Dios, qué arrogancia! Exigimos nuestros derechos, sobre todo´primeros los míos, segundo los míos y tercero también los míos y sólo después, los de los demás, olvidando muchas veces nuestros deberes. Y a eso se suman, desgraciadamente algunas personas de distintas tendencias e incluso autoridades. ¿De qué sirve criticar que se pudo haberse hecho esto o esto otro, si lo que vale es lo que se está haciendo entre las instituciones públicas y privadas? Me da gusto saber que vendedores de la Vega han regalado frutas y verduras en estos días; que un campesino llenó su camioneta con tomates y los entregó a una radio para que los repartiera; que un empresario regalara 50 mil litros de leche, etc. Que hay voluntarios ayudando en distintos frentes. Todo eso mientras las fuerzas de orden, de seguridad y las fuerzas armadas, hacen lo suyo.¡eso es lo que vale!. Eso, a tres días de ocurrido el terremoto. ¡Claro que hay gente que murió ( el apreciado Dr. Novales, por ejemplo, aquí en Los Angeles) por distintas causas a consecuencia del terremoto! Y otros que han sufrido mucho, tanto como los que sufrieron en el terremoto del 60.
Pongamos el acento en lo positivo, en cómo contribuir con un granito de arena en lo que viene, que será cosa de años.
Un abrazo fraternal y de amistad.
Eliseo Rivera Altamirano

Ximena dijo...

Marcelo, qué privilegio tienes de saber emplear bien la tecnología que permite comunicarnos.
No tengo mucho qué contar de terremotos, aunque he vivido al menos uno. Pero de éste sí que tendré para comentar y reflexionar, porque lo he vivido desde la responsabilidad de velar por otros, mi par precioso de hijos, de sólo 8 años (Vicente) y 6 (Esperancita), quienes gracias a Dios nunca despertaron el día del movimiento mayor, aunque colgaban de los brazos de su papá y mamá, y esta última no dejaba de rogar misericordia a Dios, pensando justamente en ellos.
Me encontré con tu invitación a comentar tu reflexión; quise con pasión buscar donde escribir mi idea (algo que altera un tanto mi corazón), pero me encontré con tu bellísimo relato de experiencias cargadas de afecto en momentos tan duros. Gracias a ello la pasión de mis ideas se empezó a deshacer.
Con la calma conseguida puedo, entonces,resumir simplemente mis pensamientos en lo siguiente: debemos quedarnos con el orgullo de la solidaridad de que somos capaces los chilenos, pero la vergüenza sobre las conductas de pillaje no nos puede llegar sólo tras este terremoto. En un país con tanta inequidad, ¿cómo puede sorprendernos que tanta gente haga uso o se abra paso a espacios para, en un gesto cargado más bien de simbolismo, tomar cosas (lo que fuera) que representa aquello que tan injusta y arbitrariamente se le ha puesto como inalcansable? La vergüenza por esta inequidad es un sentimiento que debería existir en Chile desde hace décadas y décadas, probablemente desde después de que tú vivieras, a tus 5 años, aquella experiencia en que la gente reaccionó de tan distinta forma.
Los verdaderos pillos siempre han estado ahí, y son los que nos atemorizan de ver atacadas nuestras casas; pero incluso ellos son víctimas del peor signo de inequidad, que es la falta de educación.
Ya, igual volvió la pasión a mi alma, pero no importa, entre tanto movimiento de tierra, sé que casi nadie lo notará...
Un abrazo, querido profesor y amigo.
Ximena Levenier.

Anónimo dijo...

Profe:
Creo que gran parte de nosotros hemos tenido alguna experiencia sísmica que comentar, claramente un terremoto,hasta el sábado pasado,eran palabras mayores.
Siempre escuché historias familiares de tragedias, salvadas milagrosas o simples vacaciones familiares, cuando escuchaba las historias pensaba que mi vida era simple y sin grandes aventuras familiares,ni personales, creí que no tendría nada "entretenido" o interesante que contar a mis hijos o nietos, no tenía idea lo equivocada que estaba.
Ya ha pasado una semana desde aquella impresionante madrugada del 27 de febrero.Jamás olvidaré la eficiente manera en la que Dios nos remeció el piso. Aunque lo insólito estaba por ser visto.
No basta con vivir un llamado de atención de la naturaleza, tan dañada por todos nosotros, teníamos como sociedad que mirarnos al espejo. Robos, saqueos, desesperación, sólo horas después del abrupto despertar, ¿descontento social? ¿no será mucho? VERGUENZA SOCIAL,no es esto lo que quiero entregarle a mis hijos.
Se que la destruccción material es enorme, aunque en mi sector no es tan latente, Gracias a Dios. Veo a mis colegas periodistas en las noticias y parece que vivo en una isla dentro de Concepción.
Personalmente,la angustia de estar lejos de mi familia fue lo peor de esta situación, sólo la fortaleza de Alberto,mi marido, logró controlar mi temor y angustia por saber que sucedía y donde estaban los seres queridos.
Lentamente he logrado contactarme con todos, abuelos, la Mafi (mi tia abuela, mis hermanos, mi mamá,los amigos todos están bien,como dijo mi tio Claudio "fuimos tocados por Dios".
Un Abrazo Gigante.
CAROLINA FUENTES HENRÍQUEZ.

Lilian dijo...

Experiencia sísmica
El terremoto nos encontró, sin experiencia previa y frente a la playa de Punta Lavapie, una caleta de pescadores a 40 km. de Arauco, todo se movía, todo caía, el sonido de copas, las mismas que apenas un segundo antes, contenía el preciado mosto de nuestros campos, nos ensordecía y constituye ahora para nosotros el sonido mas representativo de este doloroso momento. El entretenido asado que pretendía ser la despedida de las primas y sus familias (nietas y sobrinas) que regresaban el día sábado a Concepción, fue el momento que nos permitió estar vestidos y vigilantes, mas preparados que muchos compatriotas .

El mar rugió enojado y se alejo de nosotros, recogiéndose aprox. 200 mts. manteniéndose así, dejándonos ver a ratos y hasta hoy, sus ricos aportes alimenticios, locos, erizos, chapes etc., mostrando claramente que todo estaba mal¡¡¡muy mal¡¡¡ el cielo se cubría de una bruma oscura y el terror era el compañero de todos quienes habitan la caleta, asentados en el cerro más alto, sin agua, sin comida y con ojos de una inmensa tristeza, pensando incesantemente en la posibilidad de perder sus casa, porque los botes y los denominados “materiales” ya estaban en su mayoría perdidos.

Lilian dijo...

Sigue...

Fue necesario dar una mano para recuperar algunas lanchas, el auto tenia la fuerza que aquellos pescadores y recolectoras en su conjunto no conseguían tener para tirarlos y sacarlos del mar, en un intento de alejarlos del peligro. Nos regresamos con Quique (la divina providencia quiso que estuviéramos juntos), las primas no pudieron venirse con nosotros, era necesario asegurar la venida de los cuatro niños que reclamaban a sus madres.

Llegando a Concepción por un camino forestal ingresamos a nuestra querida comuna, conociendo de inmediato en situ, las inclemencias de este terremoto que nos sacudió brutalmente, edificios abajo, muros, autos chocados y aquel horrible olor a tristeza… Talcahuano lo visitamos al querer constatar que nuestra familia estaba bien… mostraba un desolador espectáculo, los barcos, container y sacos de harina de pescado inundaban desde la calle Colón hasta el centro de la comuna. Su plaza principal de vestía de variados colores y de desagradables olores. Todo esto era doloroso pero no se puede comparar con la situación que comenzamos a vivir a nivel social, las calles albergaban a muchas sufrientes compatriotas pero además, contenían a innumerables personas desvalijando cuanto negocio se le presentaba por delante, y sin querer ni tener la autoridad para ser juez de nadie, constituía una vergüenza nacional, supermercados y negocios de barrio, todo era asaltado por grandes grupos humanos entre los cuales se confundían maleantes y gente asustada que quería asegurar la comida para su familia. En todos los sectores de Concepción y otras comunas de la región, la angustia de ser asaltados durante la noche se apoderaba de sus pobladores, organizándose con palos y otros elementos se prepararon para defender sus casa, nosotras las mujeres acompañábamos a nuestras familias en una vigilia eterna que recién hoy y luego de una semana del fatídico momento(son las 15:23 del sábado 6 de marzo), se ve debilitada de pobladores pero protegidos por grupos de uniformados armados que se han “hecho cargo de nuestra seguridad y la seguridad del sector”, nuestros principales enemigo son nuestros propios compatriotas que han mostrado el blanco y negro de la condición human, por una parte la solidaridad que esta presente en cada sector que se organiza y reorganiza para la ayuda de los que más necesitan y por otro lado están quienes desean robarnos no solo la tranquilidad, tan necesaria en medio de esta seguidilla de replicas de ese terremoto-tsunami-maremoto, etc.,que nos abrazo recientemente.


Reflexión
Hoy en medio de la confianza de ver a nuestra familia asustadas pero en buenas condiciones con las necesidades básicas cubiertas y al parecer, sin tener que avergonzarse de su comportamiento social y como dije anteriormente sin afán alguno de transformarnos en jueces de nadie, igual sentimos que esta faceta de un millar de chilenos habla muy mal de nuestro pueblo y de lo que nosotros los padres y profesores como primeros agentes socializadores estamos haciendo por sostener los valores básicos que hoy se han puesto a prueba en cada uno de nosotros los chilenos.

bárbara dijo...

...me parte el alma no poder estar allá para ayudar...
uno de los costos altos q se paga al estar lejos de la familia y fuera de Chile es el vivir el dolor a la distancia.
No es fácil llevar ese equipaje al hombro mientras la mayoría de las personas siguen viviendo como si nada hubiese pasado... aunque unos de los terremotos mas grandes de la historia ha azotado al final del planeta. Algunos ignorantes, otros simplemente indiferentes, algunos q preguntar por ser políticamente correctos y otros q realmente se preocupan. La sociedad no va a parar... no ha parado por otras catástrofes y no lo hará ahora por esta. Es más, necesitamos q se mueva más rápido para q llegue la ayuda q se necesita.
Es notable lo solidarios q podemos ser los chilenos!!! da orgullo ver como la mayoría se ayuda entre sí... no nos cuesta meter la mano al bolsillo para dar al prójimo :)
A la vez, da vergüenza q esa minoría se aprovecha de una situación tan dramática. Digno de un análisis profundo de nuestra sociedad y en lo q nos estamos convirtiendo.
... a quien responsabilizar de este actuar? la educación? los padres? la televisión? la falta de valores? el materialismo e individualismo? el arribismo?...
Viviendo en una de las sociedades mas materialistas e individualistas, USA, espero q Chile se recupere pronto, siga progresando y llegue a ser un país totalmente desarrollado... ojalá sin el costo de perder los valores q aun nos hacen sentir orgullosos.
FUERZA CHILE!!!

Cristina Zurita Figueroa dijo...

Cada noche mi madre siempre insistía en que debía tener mi pieza ordenada para tener los accesos despejados en caso de terremoto, también insistía en tener linternas a mano..la verdad nunca pensé que ese momento llegaría y cuando llegó no estaba en casa..sólo pensé en escapar del edificio dónde me encontraba junto a mi novio y llegar a casa.
Salí y me corté los pies descalzos, habían vidrios rotos por doquier...oscuridad total y mucha gente asustada fuera de la calle.
El camino a casa era verdaderamente sacado de una película de ciencia ficción, sólo que ahora yo era parte de ella y era real.
Los caminos detrás de nosotros iban hundiéndose...sólo pensé en rezar y saber que estábamos vivos..
Llegando a casa grité a mis padres..nadie abría..pensé lo peor..de pronto mi madre se asoma por una puerta a penas, estaban todas las puertas bloqueadas...y nos abrazamos.
Nos sentamos los cuatro en la mesa a rezar..di gracias por estas sana y salva junto a mi familia, pero lo peor vendría después.
Bandas de saqueadores, la propia gente que al igual que yo había sufrido un terremoto quería atacarnos..quería venir a nuestras casas a hacer daño..tuve miedo y hasta hoy no entiendo sus corazones, sus cabezas..no entiendo el querer hacer daño a otro en un momento como ese..
Creo claramente en estas personas no tienen escrúpulos, la codicia y la maldad se apoderó de ellos ...
Nunca me sentí más insegura y en plena oscuridad, en que sólo mis vecinos y la solidaridad entre nosotros podría salvarnos.
Sentí que la tierra nos estaba llamando la atención por todo el daño que los humanos le hemos provocado...pero ¿ y éstas personas saqueadoras? ¿ y estas personas que querían asaltar nuestras casas? ¿ qué daño le hemos hecho nosotros a ellos?
Sólo doy gracias por estar hoy acá y saber que estamos bien.

Laura Jiménez Pérez dijo...

Profe...

Acabo de leer su experiencia...es un buen análisis de lo vivido...refleja muchas de las cosas que senti ese día...gracias a Dios estaba junto a mis padres, en un cuarto piso lo cual fue muy pero muy fuerte...parece que no iba a acabar...me quede encerrada en una pieza, mi padre con fuerza la abrío y me saco de ahí, luego juntos, los tres, nos quedamos rezando y abrazados...fue simplemente muy fuerte...sólo ahora trato de acostumbrarme (aunque creo que no ocurrirá) a las réplicas...no sé si volver al depto...la verdad es que me da mucho susto...gracias a Dios familia y amigos bien...

Un gran abrazo, sabe que los estimo y quiero muchisimo y me puse muy contenta cuando nos comunicamos...

Cariños...

Laura Jiménez Pérez.-

Angélica dijo...

El miedo fue el principal protagonista de esta aventura tan destructiva y por que no decirlo, también de aprendizaje, tantas vivencias que he tenido la oportunidad de escuchar y sentir con tanta fuerza.

Fuimos protagonistas y espectadores del amor de las personas, la crueldad y sobre todo de la solidaridad. Fui victima de la salida de mar (nada importante para lo que les sucedió a tantas personas que lo perdieron todo) pero no solo sentí el miedo por perder la vida sino el apoyo de esos vecinos que quizás nunca tuve el tiempo de conocer (solo el saludo amable de educación). Hoy puedo decir que gracias a estos seres humanos pudimos escapar. Antes del terremoto la tecnología y los nuevos tiempos nos tentaron a mi marido a mí a colocar un portón eléctrico, que nos significaba la comodidad y mejor calidad de vida, pero esa calidad casi nos significó quedar atrapados sin poder escapar de las manos del agua que nos abrasaría en cualquier momento …y he aquí mi testimonio, los vecinos que debían salir corriendo por sus vidas se quedaron ayudándonos a arrancar ese portón que tan orgullosos nos tenía, ellos decidieron arriesgar sus vidas por ayudar a esos vecinos con sus tres pequeños hijos.

¿Qué fue más difícil?
¿El terremoto enviado por la naturaleza o el terremoto social? los saqueos, incendios y la crueldad de muchos; quizás el miedo por el desabastecimiento de alimentos que sufriríamos en un futuro próximo, pero, no fue sólo eso, también fuimos testigos de los robos de artefactos eléctricos que no tenían que ver con las necesidades básicas, y no sólo por personas humildes. Qué salvajes podemos ser cuando queremos. Humanos pensantes… más sentimiento encontraríamos en los animales que intentaban salvarse entre ellos que en las personas que sólo querían lo material y destruir lo que nos les permitían llevar.

Estuve dos noches en el cerro y conviví con gente de bien pero también con los saqueadores de los supermercados, era complicado, pero escucharlos hablar me provocaba sentimientos encontrados, cuando una de las señoras le decía a su hijo: “mira cuando íbamos a imaginar que podríamos comer este chocolate” “Dios nos ha bendecido con estos alimentos”. Ellos estaban en fiesta comiendo alimentos que ni lo habían imaginado ¿inequidad, desgarro social y económico? Entre ellos se ayudaban e incluso ofrecían a otras personas alimentos de primera necesidad.
Una experiencia que no quisiéramos repetir, aún atemorizados por las replicas y esperando que todo termine.

Quisiera agradecer a todas esas personas que contribuyeron a mostrar que hay más gente buena en el mundo, gracias a esos vecinos que se ayudaron mutuamente para poder alimentarse y proteger sus hogares, a nuestros queridos bomberos que sin esperar nada a cambio entregan sus vidas por ayudar y a la fuerza pública que no sería necesaria si nos supiéramos comportar como seres racionales.
¡Fuerza que saldremos adelante! y un gran apoyo a los que realmente perdieron, aquellos que ya no podrán besar o acariciar a sus seres queridos.


Angélica Vera Sagredo